El PC sigue encendido; el soporte no
A fecha de 24 de septiembre de 2026, Windows 10 puede seguir arrancando y ejecutando aplicaciones, pero su soporte general terminó el 14 de octubre de 2025. Para las ediciones de consumo afectadas, Microsoft dejó de ofrecer por la vía ordinaria asistencia técnica, actualizaciones de funciones y actualizaciones de seguridad. Que el sobremesa funcione, por tanto, no significa que mantenga el mismo nivel de protección ni que vaya a dejar de funcionar de un día para otro. (support.microsoft.com)
La distinción importa al decidir: el fin del soporte no es una avería, sino un cambio en el mantenimiento. Un equipo desconectado de internet o dedicado a una tarea muy concreta presenta un escenario distinto del PC usado para banca, correo, compras y documentos compartidos. Pero reducir el uso en línea no sustituye indefinidamente las correcciones de seguridad. Antes de elegir sistema operativo, identifica para qué usas el equipo, qué programas son imprescindibles y cuánto tiempo necesitas conservarlo.
Primero, comprueba Windows 11 con la herramienta oficial
Si quieres conservar Windows, empieza por PC Health Check, la herramienta de Microsoft para revisar si el dispositivo cumple los requisitos de Windows 11. La compatibilidad no depende únicamente de que el equipo tenga suficiente memoria o parezca rápido: los requisitos incluyen un procesador compatible de 64 bits, firmware UEFI con capacidad de Arranque seguro y TPM 2.0, además de memoria, almacenamiento y gráficos dentro de los mínimos establecidos. (learn.microsoft.com)
Un resultado desfavorable no siempre significa que el ordenador sea incapaz de ejecutar técnicamente el sistema; indica que no cumple los criterios oficiales de elegibilidad. En algunos equipos, TPM o Arranque seguro pueden estar disponibles pero desactivados en el firmware; la herramienta puede ayudar a identificar el motivo. No conviene, sin embargo, convertir la activación de una opción de BIOS/UEFI en una garantía de compatibilidad: también hay que revisar el procesador y los demás requisitos. Si una actualización de firmware o componente parece posible, verifica la compatibilidad con el fabricante de la placa base antes de comprar piezas.
ESU: un puente temporal, no soporte completo
El programa de Actualizaciones de seguridad extendidas (ESU) permite que los equipos Windows 10 inscritos reciban determinadas actualizaciones de seguridad después del fin del soporte general. Para usuarios domésticos, Microsoft indica que la cobertura de consumo llega hasta el 12 de octubre de 2027. La inscripción es necesaria: instalar un paquete preparatorio, por sí solo, no inscribe el ordenador ni activa las actualizaciones. (support.microsoft.com)
ESU debe entenderse como una prórroga acotada. No restablece el soporte general, no aporta nuevas funciones y no equivale a asistencia técnica completa. La vía de inscripción y sus condiciones pueden variar por región; comprueba las opciones que muestra Windows Update y la información oficial aplicable a tu país antes de asumir que una modalidad concreta o su coste te corresponde. En Estados Unidos, no confundas ESU con las actualizaciones de seguridad de Microsoft 365: Microsoft publica para estas últimas un calendario separado que llega hasta el 10 de octubre de 2028, pero ese plazo no prolonga el soporte del sistema operativo. (support.microsoft.com)
ESU tiene sentido si una aplicación profesional, un periférico o un flujo de trabajo depende de Windows y necesitas tiempo para migrar. También puede servir para evitar una compra precipitada mientras investigas compatibilidad o haces copias de seguridad. En cambio, si no estás inscrito y el equipo se conecta a internet, seguir usándolo como antes deja sin cubrir una parte esencial del mantenimiento. Fija una fecha de revisión o de salida antes de que termine la cobertura; una prórroga temporal es más útil cuando forma parte de un plan.
Linux: alternativa viable si encajan tus tareas
Instalar una distribución Linux puede prolongar la vida de un sobremesa que no cumple los requisitos de Windows 11, pero la elección depende de las aplicaciones y el hardware reales. Antes de instalar, comprueba si tus programas esenciales tienen versión para Linux o una alternativa que conserve las funciones que necesitas. No des por hecho que una aplicación de Windows, una utilidad del fabricante o un programa antiguo funcionará igual mediante herramientas de compatibilidad; esa posibilidad debe verificarse caso por caso.
También conviene revisar la tarjeta gráfica, el adaptador Wi‑Fi, el sonido, la impresora y cualquier accesorio especializado. Una prueba desde una memoria USB, cuando la distribución lo permite, ayuda a comprobar si arrancan los componentes principales sin borrar de inmediato Windows. Aun así, una sesión en vivo no demuestra que todas las funciones, actualizaciones o periféricos vayan a funcionar a largo plazo. Haz una copia de seguridad independiente, anota contraseñas y licencias, y prueba las tareas habituales antes de sustituir el sistema instalado.
El calendario de mantenimiento es parte de esa evaluación. Por ejemplo, Ubuntu 24.04 LTS recibe mantenimiento de seguridad estándar hasta el 31 de mayo de 2029; Canonical ofrece opciones de extensión con Ubuntu Pro y un complemento Legacy, sujetas a sus respectivas condiciones. Esa fecha corresponde a una versión concreta y a su cobertura estándar, no a todas las distribuciones Linux ni a todos sus paquetes. Escoge una versión mantenida y consulta su ciclo de vida antes de instalarla. (documentation.ubuntu.com)
Actualizar componentes o cambiar de equipo
Un SSD o más memoria pueden mejorar la respuesta de un sobremesa lento, y reparar una fuente de alimentación o sustituir un componente defectuoso puede ser razonable. Pero una mejora de rendimiento no resuelve automáticamente la falta de elegibilidad oficial para Windows 11. Antes de invertir, separa dos preguntas: ¿qué pieza limita el uso diario?, y ¿qué requisito impide mantener el sistema operativo que necesitas? La respuesta puede ser distinta para cada una.
Compara el coste total de conservarlo —piezas, mano de obra y tiempo de adaptación— con el de reemplazarlo. No existe un umbral universal que convierta una reparación en buena o mala compra: depende del estado de la placa, el procesador, el almacenamiento, el monitor y las tareas previstas. Si necesitas aplicaciones exclusivas de Windows y la máquina no es elegible, renovar puede ser la salida más sencilla a largo plazo; si el PC cumple requisitos y funciona bien, actualizar a Windows 11 evita cambiar hardware por inercia. No compres componentes suponiendo que una instalación no compatible tendrá el mismo respaldo que una configuración aprobada.
Decisión práctica: empieza por lo que no puedes perder
Si PC Health Check confirma la elegibilidad y tus aplicaciones funcionan en Windows 11, la actualización es la ruta directa para continuar dentro del ecosistema Windows. Si el sobremesa no es elegible pero depende de software solo disponible en Windows, inscríbelo en ESU si puedes y úsalo como margen de transición, no como solución permanente. Si tus tareas principales se cubren con aplicaciones disponibles en Linux y el hardware supera las pruebas, una distribución con soporte vigente puede evitar una renovación inmediata.
Si no sabes qué programas o periféricos son compatibles, no borres el sistema actual todavía: guarda los datos, prueba Linux desde USB y verifica cada tarea crítica. Si ninguna opción conserva de forma fiable tus herramientas esenciales, compara la reparación con la compra de un equipo compatible y planifica la migración. La decisión no se reduce a que un PC viejo siga encendiendo: cuenta el soporte disponible, la compatibilidad práctica y el coste total. Mantener Windows 10 sin ESU puede parecer lo más cómodo hoy, pero deja de ser una elección informada si se confunde continuidad de uso con continuidad de seguridad.