Un informe de estrategia, no un anuncio empresarial
EY publicó el 15 de diciembre de 2025 su informe anual «Las 10 principales oportunidades para las empresas tecnológicas en 2026». La publicación ofrece recomendaciones para compañías del sector y parte de tres presiones: la adopción de inteligencia artificial, la complejidad geopolítica y la exigencia de demostrar resultados económicos. No anuncia un producto nuevo ni una inversión concreta de EY en el sector.
El documento está firmado por James Brundage, Ken Englund y Andrew Young, vinculados al análisis del sector tecnológico de EY. La página indica un tiempo de lectura de 15 minutos y presenta el texto como una guía de acciones para impulsar crecimiento, resiliencia y confianza. Su fecha importa: es una perspectiva publicada a finales de 2025 para orientar decisiones en 2026, no una noticia de hoy ni un recuento de resultados ya observados durante todo el año.
La tesis central: pasar de experimentar con IA a obtener valor
La idea que organiza el informe es que las empresas tecnológicas deben demostrar el retorno de sus inversiones en IA y llevar los proyectos más allá de pruebas aisladas. EY plantea que el reto ya no consiste solo en incorporar modelos o agentes, sino en integrarlos en operaciones y ofertas comerciales con controles, interoperabilidad y un resultado que pueda medirse. El cambio práctico es de escala y rendición de cuentas, no simplemente de adopción tecnológica.
La firma también describe un entorno que denomina NAVI —no lineal, acelerado, volátil e interconectado— y sostiene que esa combinación aumenta la presión sobre la estrategia y la ejecución. Se trata del marco interpretativo de EY, no de una métrica independiente del mercado. Para un CIO, la lectura útil es preguntar si cada iniciativa tiene un responsable, una línea de base, un resultado esperado y criterios de seguridad antes de ampliar su uso.
Alianzas, adquisiciones e interoperabilidad
Entre las primeras oportunidades, EY propone utilizar adquisiciones y empresas conjuntas para acceder con rapidez a capacidades, mercados y activos de datos. El documento cita una encuesta de EY a CEO tecnológicos según la cual el 83 % priorizaría alianzas y empresas conjuntas en los meses siguientes. Ese porcentaje describe una intención declarada, no acuerdos cerrados ni una previsión de crecimiento; además, refleja una encuesta de la propia consultora y debe leerse con ese alcance.
Otra recomendación es diseñar productos de IA para que funcionen entre plataformas y nubes, en vez de depender de un ecosistema único. EY vincula esa interoperabilidad con la IA agéntica y la IA física, donde sistemas de software pueden coordinar acciones y, en ciertos casos, interactuar con máquinas o entornos industriales. Para los equipos de producto, la consecuencia es evaluar desde el diseño las interfaces, la portabilidad de datos, los permisos y la supervisión humana; el informe no establece un estándar técnico concreto que resuelva por sí solo esas decisiones.
Seguridad, gobernanza y soberanía de datos
El informe recomienda capacitar a líderes funcionales para ampliar una IA segura y confiable, con responsabilidades de gobernanza incorporadas al despliegue. La propuesta reconoce una tensión operativa: acelerar la puesta en producción sin dejar que la seguridad y la rendición de cuentas queden como revisiones tardías. La gobernanza pasa a ser parte del producto y del proceso, no una tarea exclusiva del área legal o de seguridad.
EY añade la soberanía por defecto como principio para decidir dónde se alojan y procesan datos, modelos y cargas de trabajo. En la práctica, eso implica revisar jurisdicciones, contratos, dependencias de proveedores y requisitos de acceso antes de adoptar servicios multinube. No significa que todas las empresas deban abandonar la nube pública: el informe plantea una pauta estratégica, mientras que la arquitectura adecuada depende de la regulación, los datos y los riesgos de cada organización.
Especialistas, modelos de negocio y disciplina de inversión
Entre las oportunidades restantes, EY plantea desplegar especialistas técnicos para que las capacidades de IA lleguen a más equipos y reforzar la gobernanza conforme los usos maduran. También propone revisar los modelos comerciales, incluidos precios vinculados a resultados, y optimizar la IA en distintas funciones. La conexión decisiva es entre tecnología y economía del negocio: una mejora técnica solo se convierte en ventaja si el cliente la valora y la empresa puede sostener su coste.
Esto exige que finanzas y producto acuerden cómo medir beneficios, costes de inferencia, integración, soporte y riesgos. En vez de contar pilotos o usuarios como prueba suficiente de éxito, una compañía puede definir indicadores ligados a ahorro, ingresos, calidad o tiempo de operación, según el caso. El informe no prescribe una fórmula universal ni garantiza que cobrar por resultados sea adecuado en todos los mercados; la recomendación requiere contratos que permitan atribuir resultados con claridad.
Cómo convertir las recomendaciones en decisiones
Para directivos y CIO, el valor del informe está en usarlo como lista de preguntas para priorizar inversiones, no como una hoja de ruta obligatoria. Una aplicación concreta consiste en comparar las iniciativas existentes con cuatro condiciones: valor medible, interoperabilidad, seguridad y capacidad de operación. Si una iniciativa no tiene métricas ni responsable, ampliar su despliegue puede aumentar costes y riesgos antes de demostrar utilidad.
Una revisión ejecutiva puede comenzar así:
- Identificar qué proyectos de IA están en producción y qué resultado empresarial miden.
- Comprobar dependencias de proveedor, portabilidad y derechos sobre datos.
- Asignar responsables de seguridad, supervisión y respuesta ante incidentes.
- Evaluar si una alianza o adquisición aporta una capacidad que no conviene desarrollar internamente.
- Revisar si el modelo de ingresos corresponde al valor que recibe el cliente.
Estas comprobaciones no sustituyen el análisis financiero, técnico o regulatorio. Ayudan a separar una prioridad estratégica de una tendencia y a decidir qué experimentar, qué escalar y qué detener.
El informe de 2026 debe leerse junto a sus ediciones anteriores, no como una serie de resultados comparables sin más. La edición de 2025, publicada el 18 de diciembre de 2024, puso el foco en convertir la promesa de la IA en valor y en transformar operaciones; la de 2026 enfatiza alianzas, interoperabilidad, gobernanza y resultados. El cambio sugiere una evolución en el énfasis editorial de EY, pero no demuestra por sí mismo que el mercado haya adoptado esas prácticas ni que hayan generado retornos.